CONSUELO RUIZ VELEZ-FRIAS

Acabo de terminar el libro de Consuelo titulado Parir sin Miedo y lo he cerrado con lágrimas en los ojos, me ha llegado al alma su reflexión del final escrita cuando ya estaba muy mayor y enferma que voy a copiar literalmente porque creo que merece la pena:

Dentro de poco me voy a morir, derrotada, sola y triste, sin haber conseguido lo que quería, pero sin haber renunciado a nada, sin haber cejado en mi empeño, manteniendo hasta el final la antorcha encendida y con la esperanza de que haya mujeres que despierten a su luz y que no se dejen engañar.
No es posible vivir sin ilusiones, yo sigo viviendo con la humilde y terca ilusión de que las mujeres no se dejen arrebatar su derecho primordial, el que les dio la Naturaleza, de ser madres.
Dentro de poco me voy a morir vieja e inválida, y lo voy a hacer cumpliendo con lo que creo mi deber, pero...
¿En qué me he equivocado?
¿Acaso naciendo en una época que no me correspondía?

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El final del relato de María, que acaba pariendo en el hospital (y no en su casa como ella soñaba) me pone los pelos de punta, qué razón tienen sus palabras:

Al final cuando ya no pudo apretar más, resignada a que hicieran con ella lo que quisieran, vencida por una sociedad ignorante sometida a un poder implacable y dictatorial que había conseguido vencer a una pobre mamá en ciernaes obstinada a parir naturalmente a su hijo. La habían derrotado, la habían vencido, no dejándola parir en su casa, obligándola a pasar por el aro, a parir en el hospital, "como estaba mandao". Pobre María! Lloré por tí, te imaginé yendo hacia el hospital, como Cristo hacia el Calvario por la calle de la Amargura. ¡Adiós proyectos, adiós ilusiones de parir en libertad, alegremente! Pero tuviste que parir como las otras, como todas las demás. Fue inútil que pudieras escapar.
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La nueva preparación, llamada "Educación Maternal", donde además de gimnasia se enseñaba a las mujeres a parir "educadamente", a aguantar todo lo que les hicieran, sin rechistar (...)

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Sobre la episiotomía...

Porque, después de enterarme de cómo era el periné, qué músculos lo componían y cuál era su misión en el organismo, confieso, humildemente, que no me atreví, en ningún parto, de los muchos que he asistido, a esgrimir las tijeras para realizar una episiotomía, no solamente porque no estaba segura de que mi perinorrafia fuera a dar los resultados apetecidos, sino también porque me daba repeluzno cortar en un sitio tan íntimo y delicado a un ser tan semejante, tan igual a mí, que era como si me estuviera cortando a mí misma.

En la actual civilización, en la que sobre el parto se saben ya muchas cosas, no es admisible llegar a la conclusión que el periné se desgarra siempre y "porque si" y que el único modo de evitarlo sea realizar una amplia episiotomía, seccionando la complicada anatomía de la zona, acaso sin estar completamente seguros de ser capaces de reconstruirla, músculo a músculo, de forma que el periné pueda, en el futuro, seguir desempeñando las funciones que le están encomendadas.

El periné no es nunca, no puede serlo, precisamente por su elasticidad, obstáculo para el parto, ni siquiera cuando tiene cicatrices, que lo endurecen y reducen, más o menos, su capacidad de dilatación, siempre se rompe antes que impedir que el feto salga.

Dado que ninguna parte del cuerpo funciona independientemente del resto del organismo, cabe la sospecha de que si el parto no ha seguido desde su comienzo un desarrollo natural, sino que se ha precipitado y manoseado, es muy posible que la musculatura perineal no haya tenido tiempo de enterarse de que el feto iba a salir y que tenía que prepararse para que éste pudiera hacerlo de forma suave, sin violencia, poco a poco, dando tiempo a que se forme el canal blando del parto, sin "enmendar la plana" a la Naturaleza, suprimiéndolo de un tijeretazo.

Yo me he pasado la vida aprendiendo cosas, recordando lo aprendido y tratando de aplicarlo. De 1950 a 1960, esto es, durante diez años estuve prestando mis servicios como Matrona de salidas en la Beneficencia Municipal de Madrid y tuve ocasión de ver bastantes mujeres que habían dado a luz en sus domicilios sin asistencia y, aunque parezca increíble, nunca hubo que suturar desgarros a ninguna, pues a pesar de no haber tenido protección, el periné había desempeñado perfectamente, su papel en el parto, había cumplido la misión para la que fue creado, lo que me hizo pensar mucho sobre la inutilidad de la episotomía y, si me apuran un poco, de la protección del periné, cuando no se interviene en el parto, sino que se consiente que evolucione de forma natural.


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Mi hijo Pablo nació en casa, en el agua, sin episiotomía ni desgarros, no necesité ni un solo punto, parí a un bebé de 4.500 gramos y 56 cms. con el periné intacto. Desde entonces, no puedo entender que se sigan haciendo episiotomias a la ligera...me causa mucho dolor por esas mujeres que la sufren, a las que le cortan una zona tan íntima, robándoles el derecho a parir libremente y felizmente como yo lo hice. Ana

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